Muchos recriminan la decisión de aquel que adquiere una mascota de determinada raza alegando que hay muchos animales sin hogar abandonados, mientras otros gastan dinero en un perro o un gato “de marca”.

Es cierto que se deja de lado a las mascotas que no tienen hogar, pero los animales de raza entregan una seguridad que no pueden brindar aquellos que son cruzados o de razas irreconocibles. Esta seguridad está basada en conocer los puntos débiles, fuertes, y el comportamiento en general de cada uno.

Sabemos que si tenemos un gato Sagrado de Birmania tendremos que limpiar mucho pelo y criaremos a un animal tranquilo e independiente. Todo lo contrario a lo que ocurriría si tuviésemos por ejemplo un siamés, que es completamente sociable.

Si tenemos hijos es conveniente tener una raza como el labrador, que adhora los chicos y todos los juegos que estos le hacen, y no un pequinés que puede sufrir ataques de celo y reaccionar violentamente a algunos juegos.

Estas son las seguridades que nos da un animal de raza. Conocer de antemano cómo se comportará, qué cuidados debemos tener, y qué tiempo nos demanda.

Si tenemos la posibilidad de adaptarnos a cualquier comportamiento porque disponemos del tiempo y el espacio necesario, no hay nada mejor que adoptar un animal de la calle que nos llenará de sorpresas y agradecerá con cariño el hogar que le damos.