Por ser una gran compañía y ganarse el afecto de sus dueños, algunos animales han conseguido varios millones de dólares en herencia.

Ben Rea era un excéntrico millonario que había puesto en su testamento a los 15 gatos que lo acompañaron durante la vida. Blackie, el último de los felinos en fallecer, heredó de esta manera nada menos que 15 millones de dólares. Supongo que se lo habrán pagado en comida.

En 1931, el caniche Toby se convirtió en el perro más acaudalado de la historia e ingresó de esa manera a los Récord Guinness. Su dueña le daba de comer chuletas de cordero a él y al resto de las mascotas. Se las servían los mayordomos justo antes de irse a dormir a sus camas de seda. Al fallecer la propietaria de los animales, Ella Wendel, Toby heredó también 15 millones de dólares.

Sidney Altman, un magnate que vivía en Bervely Hills, dejó en su herencia la orden de pagar a su viuda 60 mil dólares anuales con la condición que cuide bien de Samantha, su Cocker Spanier de pura raza. Marie Dana Altman, la viuda, está demandando a la perra, ofendida porque la mascota recibió 6 millones de dólares de herencia.

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