Algo que puede ser muy fácil de distinguir en los mamíferos se torna un tanto complejo en los reptiles. Sus diferencias mórficas son prácticamente imperceptibles, y además no son el tipo a las que estamos acostumbrados.

Las diferencias en los cuerpos de macho y hembra, se basan casi exclusivamente en el hecho de la incomodidad que resulta para esta especie la copulación, donde el macho debe colocarse por encima del caparazón de la hembra, por eso podemos encontrar que:

El macho tiene garras con uñas mucho más prominentes que la hembra, para poder sujetarse mejor.

En el pecho, la hembra tiene su concha lisa, o incluso un poco convexa. El macho, por el contrario, tiene una especie de hueco en su pecho, ideal para poder calzarse sobre su pareja.

En muchas especies las hembras son mucho más grandes que los machos, ya que ellas deben ser la base y el soporte durante el acto sexual.

Existen otros pequeños detalles como el rojo de las orejas (más intenso en los machos) y el tamaño de la cola (ligeramente más pequeña en las hembras), pero ninguna de estas marcas puede verse con claridad antes que el animal llegue a su madurez. Sin embargo, un veterinario especializado puede saber el sexo de una tortuga desde su temprana edad.