Tener a un caballo como mascota es toda una responsabilidad. Posiblemente sea el más difícil de cuidar de todos los animales amaestrables, y sin lugar a dudas a de ser el más caro.

Son animales con estómagos delicados, importantes necesidades físicas, y con una innegable necesidad de espacio. Requieren cuidado con los climas y el pelaje.

Pero de entre todos los problemas que se nos pueden presentar al tener que cuidar de un caballo, el más grande es el de las patas. Se trata un animal pesado, fuerte, que soporta toda la fuerza que realiza con cuatro pequeños cascos.

Estos finales óseos en las patas son los llamados cascos, los cuales sufren dilatación y contracción con los climas fuertes, y se van resquebrajando. Esta parte se divide en tres secciones:

  • La Pared: es la zona exterior. Su crecimiento es hacia abajo desde la corona.
  • La Suela: parte ligeramente cóncava que cumple la misión de proteger el casco de lesiones. Debemos tener mucho cuidado con ella puesto que es muy delgada.
  • La Ranilla: mecanismo amortiguador y antideslizante que facilita que el casco se extienda y contraiga a cada paso. Resulta fundamental mantenerlo en todo momento limpio para evitar problemas en el casco.

El cuidado que se le debe dar a estos sectores es periódico, y crecerá dependiendo de si el animal es forzado a realizar tareas de fuerza.