El loro es una de las aves más apreciadas como mascota, debido a su sorprendente capacidad de hablar. Pero esta característica tiene una vinculación aún no determinada con respecto a su inteligencia. Sabemos que el loro habla por repetición pero, exceptuando algún curioso caso, no hace lo mismo con ninguna otra especie.

Es posible que imite los sonidos del humano buscando reparo en quien le da de comer, aunque también se cree que habla para motivar una inclusión social (algo que se puede ver cuando están alejados de una reunión o fiesta; donde muchos loros gritan porque desean estar entre la multitud.

En su hábitat natural, el loro tiene un idioma propio con sus congéneres, el cual utiliza principalmente para advertir sobre peligros potenciales. Cuando está en cautiverio, repite palabras de quien lo cría, pero esto ha llegado a extremos curiosos.

En Japón, las autoridades policiales dieron con un loro que estaba perdido en la vía pública. Lo único que el animal repetía era el nombre de su dueño, y al dirección y el teléfono de su domicilio. Aunque atónitos, llamaron al hombre que era, en efecto, quien mencionaba el loro.

En 1999 se realizaron estudios sobre la inteligencia en estas aves (que hasta entonces se creía casi nula) con un especímen al que llamaron ALEX (siglas en inglés para Experimento de Estudio Aviario). Antes de fallecer al poco tiempo e inexplicablemente, y todavía en su juventud, podía identificar cincuenta objetos diferentes y reconocer cantidades hasta seis; que sabía distinguir siete colores y cinco formas, y entender los conceptos “más grande”, “más pequeño”, “mismo”, y “diferente”, y que estaba aprendiendo “arriba” y “abajo”.

Alex tenía un vocabulario de aproximadamente 150 palabras, pero era excepcional en esto, ya que parecía comprender sus palabras. Por ejemplo, cuando mostraban un objeto a Alex y preguntaban sobre su forma, color, o el material, él podía etiquetarlo correctamente.

Cuando se le preguntaba la diferencia entre dos objetos, también respondía, pero si no había ninguna diferencia entre los objetos, él decía “ninguna”. Cuando estaba harto de las pruebas, decía “me voy”, y si el investigador se molestaba, Alex trataba de calmarlo diciendo “lo siento”. Si decía “Quiero un plátano “, pero se le ofrecía una nuez, él la miraba fijamente en silencio, pedía el plátano otra vez, o tomaba la nuez y la lanzaba al investigador. A preguntas hechas en el contexto de pruebas de investigación, dio la respuesta correcta aproximadamente el 80 por ciento de las veces.

Incluso cuando se le mostró por primera vez una manzana, Alex la examinó y la apodó “platan-eza”, porque la consideraba una mezcla entre un plátano y una cereza.

Esto quiere decir que siendo correctamente estimulado, es un animal sumamente social y puede desarrollar su habla y otras cualidades notables. La pregunta sigue siendo: ¿En qué usa su inteligencia cuando no le enseñamos nada?