Notas, artículos y noticias relacionadas con su mascota
A lo largo de toda la historia, los animales han intentado ser domesticados para distintas tareas en el campo de batalla. Desde perros entrenados para la asistencia y el rescate a palomas mensajeras, el reino animal fue siempre un punto trascendente en los combates. Sin embargo, hubo intentos de utilizar animales más salvajes, aunque no podrían llamarse justamente exitosos.
Alejandro Magno utilizó elefantes para conquistar India, y los cartagineses los usaron contra los romanos. La idea de utilizar elefantes era provocar estampidas en el enemigo. Sin embargo, los resultados fueron casi siempre desastrosos. En la batalla de Panormo (251 a.C.) las flechas los hicieron enloquecer y corrieron en estampida entre sus propias filas, y en la batalla de Zama (202 a.C.) fueron ahuyentados con el ruido de las trompetas produciéndose un alboroto similar.
Pero los elefantes no fueron los únicos animales que se vieron involucrados en las batallas. Durante la Primera Guerra Mundial, se utilizaron luciérnagas para alumbrar las trincheras sin uso de electricidad, con luz tenue que impida ser descubierto, y con suficiente potencia para ver cómodamente los mapas.
Por su parecido con los humanos, y su notable inteligencia, los monos fueron siempre un potencial aliado en el frente de batalla. Ya en el siglo IV, el Primer Ministro brahmán Kautilya, describe en uno de sus escritos un ataque realizado por monos amaestrados que cruzaban sus defensas y arrojaban artefactos incendiarios.
Pero quizás los intentos más extraños para llevar animal animales a la guerra hayan estado a cargo de los Estados Unidos, quienes utilizaron garrapatas para infectar los campos del enemigo y, a causa de la picazón, obligarlos a moverse y descubrir sus pocisiones. La idea nunca funcionó. Los pequeños chupópteros probablemente se dispersaron, atacaron a otros animales, o simplemente no picaban lo suficiente.
Como si fuera poco, también diseñaron un proyecto llamado X-Ray, en el cual se planeaba atacar Japón con murciélagos con pequeñas cargas de napalm. La idea no resultó muy bien. Los pequeños mamíferos voladores se escaparon con sus bombas haciendo estallar un hangar y el coche de un general del ejército.
Finalmente, citamos también la idea de colocar loros en la torre Eiffell para advertir el acercamiento de aviones enemigos. Pero las aves nunca pudieron distinguir entre uno y otro tipo de aeronave, y rara vez se les ocurría hacer caso a su adiestramiento.
Fuente: Leodegundia.
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